Dicen que Cirilo era una iguana verde
y que lo agarraron por la cola,
allá por Minatitlán.
Dicen que Cirilo muerde,
pero yo digo que no;
porque yo lo agarré por la cola,
y hasta la lengua sacó.
Cirilo mío, ¿para dónde vas?
Voy para el puerto
de Soledad,
será mentir,
será verdad,
lo que anda diciendo
la gente allá,
que en ese pueblo
no hay novedad,
y si la hubiere, poco será.
Sigue el camino Cirilo y
se encuentra con un lagarto,
y el lagarto dice:¡Que iguana tan fea,
que se sube al palo y se zarandea.
Mueve el espinazo, cómo espinacea;
mueve la cabeza, cómo cabecea;
mueve los hombritos, como que le hombrea;
mueve su pechito, como que pechea;
mueve la cinturita, cómo cinturea;
mueve la cadera, cómo caderea;
mueve su ombliguito, como que ombliguea;
mueve la colita, cómo la menea, a la gea, gea!
Y la iguana le dice al lagarto,
¡Yo no soy iguana; yo soy iguano!
y por eso soy Cirilo “el guapo”
que con muchos amigos me encuentro y ando de fiesta
y no como tú, que amigo que encuentras de bocadillo te sirve.
(Las sabanas veracruzanas son tierras húmedas, las aguas las verdean. Y verde, de tanto verde, está la iguana. Parece dinosaurio chaparrito y feroz, pero en realidad es bonachona e inofensiva. Come pura verdura y ni siquiera te muerde).
(Adaptación del cuento de la iguana de Veracruz por J.A.N.C.)
miércoles, 7 de mayo de 2014
EL GRAN CRÍTICO
En
cuanto se asomó y vio lo que allí se cocía, Cirilo lo tuvo claro. Recogió sus utensilios y le dijo al jefe de cocina que
aquel plato carecía de sabores africanos. Cómo disfrutaba del trabajo probando
sabores de mil recetas preparadas por los grandes cocineros del mundo. Qué
maravilla aquellas algas azules con sabor a limón, qué recuerdos en Escocia
aquellas coles en salsa de whisky evaporado. Nadie podía imaginar su plato
preferido: tal vez hormigas dulces congeladas o crisálidas crujientes con toque
de cilantro amargo. Qué difícil satisfacer al gran genio de la cocina moderna.
Ahí estaba, saboreando lo mejor de la gastronomía africana, a ver si surgía
algo digno de ser recordado. Y es que Cirilo era un ornitorrinco muy sensible.
Su paladar de pico de pato percibía cualquier ingrediente. Hasta en el agua
podía identificar sabores mejor que los peces sabueso. Pero no era perfecto. Su
punto débil eran los discos de vinilo. Eso le perdía. Y no digamos si sonaba un
fado portugués. Quedaba extasiado, inmóvil, emocionado. Tarareaba con desgarro
y abandonaba sus observaciones culinarias, inmóvil, levitando, sintiendo la
guitarra. Se despistó. Dijo que en el plato no había ingredientes africanos.
Ahí empezó su declive.
L.C.N.
L.C.N.
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